No lo había programado. Tenía pensado pegar la vuelta ni bien la presidenta de la Nación efectúe los anuncios, esos que fueron aclarando más el panorama electoral de lo que se viene. Pero José Alperovich tuvo que quedarse otras 24 horas más en Buenos Aires. Y dicen que por cuestiones menores, aunque hay indicios de que su estadía en territorio porteño está relacionada con el armado de las listas de postulantes a diputados nacionales.

La reelección era la lógica kirchnerista. Todo dentro de la familia Kirchner, nada fuera de ese entorno fue la máxima que dominó durante los últimos ocho años el estilo de gestión que se impuso en la Argentina. Por eso la Bolsa reaccionó ayer, en el terreno de las ganancias y a contrapelo del mundo (cuando no), como primer indicio del mercado a la posible reelección de Cristina Fernández. En el mundo empresarial no hubo grandes sorpresas al conocerse el anuncio del camino hacia el segundo mandato. Hubo algunos lamentos de un arco del sector privado que aún sobrevive a los designios del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. También reacciones cautelosas, de aquellos que esperan que el postulante a vicepresidente tenga la capacidad suficiente como para convertirse en el contrapeso de la administración de Gobierno. Y que el elegido tenga el peso específico como para discernir dentro del gabinete cuando una medida de tinte político impacta de mala manera sobre las cuestiones económicas. También, finalmente, hubo júbilo de aquellos sectores que esperan seguir obteniendo pingües ganancias de un modelo económico que, en otros tiempos, se caracterizó por los superávit gemelos y un tipo de cambio anclado. Mientras algunos miran a Juan Abal Medina como el elegido, otros consideran que Eugenio Zaffaroni puede ser "el elegido".

Sin embargo, todos esos factores económicos tienen algo en común: la incertidumbre sobre cómo el Gobierno -el actual u otro distinto si así lo disponen las urnas en octubre próximo- afrontará sus compromisos en 2012, un año apocalíptico desde el punto de vista de las creencias populares, pero también colmado de obligaciones financieras y vencimientos, tanto a nivel nacional como provincial.

La situación financiera nacional no es la misma que la de otros tiempos. Hoy hay más retaceos que siempre hacia las provincias, pero los gobernadores no pegan el grito en el cielo como en otros tiempos. Si hay algo que el kirchnerismo ha sabido administrar con mayor celo, eso es el tiempo. Calcula el tiempo que le puede llevar a un aliado político-electoral gastar el dinero discrecional que puede llegar a enviarle para ejecutar obras públicas. Lo del año electoral, es una mera coincidencia...

Ni el chaqueño Jorge Capitanich, ni el entrerriano Sergio Uribarri, ni el tucumano Alperovich salieron a reclamarle a la Casa Rosada que, hasta ahora, el Poder Ejecutivo no ha girado ni un peso de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) que les corresponde por ley. Tal vez no sea mucho el monto (en el caso tucumano puede llegar a los $ 43 millones este año), pero sin dudas habrá que seguir su evolución. Tal vez a principios de agosto reaparezcan en escena, justo antes de las elecciones primarias que, en definitiva, será el primer test para saber el verdadero poder electoral de Cristina. El mismo camino sigue ese pedido de asistencia financiera por $ 250 millones que Tucumán le hizo a la Nación para cubrir el mayor gasto salarial. Hay promesas de giro de esos recursos, pero nada será gratis. Dicen que el precio que deberá pagar Alperovich por esa ayuda puede corporizarse en la nómina oficial de postulantes a Diputados. ¿Otro lugar reservado para La Cámpora? Por ahora, sólo es especulación.